Mi etapa en Konecta merece un peso propio porque concentra buena parte de mi experiencia ejecutiva. No se trataba de llevar un equipo aislado. Era una operación con distintos servicios, diferentes modelos de facturación, centros distribuidos y una exigencia constante de cliente, SLA, margen y calidad.
Gestioné servicios de ventas, inbound, outbound, upselling, cross-selling, retenciones, postventa, B2B, cobros, siniestros, recuperaciones e impagados. Cada línea tenía su lógica: unas por precio/hora, otras por hora logada, otras por venta, otras por contacto útil y otras mediante modelos mixtos acordados con cliente. Mi papel consistía en entender esos modelos, negociarlos, revisarlos, explicarlos y asegurar que la operación podía sostenerlos.
Ese tipo de experiencia es la que ahora me permite mirar la IA con sentido práctico. En una operación así, la tecnología solo vale si ayuda a trabajar mejor: reducir carga administrativa, mejorar reporting, ordenar conocimiento, apoyar a mandos, acelerar documentación o detectar ineficiencias.